LIBÉLULA MADRE.
Concepción Matilde Zorrilla de San Martín Muñoz nacía el 14 de marzo de
1922 para ser unos años después “La China”.
Muchos dicen que la carrera del
actor es cuestión de estudio, otros dicen que es pura chispa y otros que es
necesario talento. Por lo general cuando escucho ese tipo de conversaciones y
esa mezcla entre discusión y no sé qué…la recuerdo a ella. Si algo le faltaba a
la querida actriz uruguaya (que espero nadie quiera robarla, con testimonios
inventados de que es argentina o tal vez que proviene de China, porque ya a
esta altura nada me sorprendería), pero bueno, retomando…si algo podía faltarle
es el conjugar los tres elementos: estudio, talento y chispa. ¡Ay! ¡Chispa! Eso.
Chispa…magia.
Pisando distintos suelos, pasando por
Londres, Nueva York, Buenos Aires, Montevideo, entre otras tantas ciudades
pequeñas y recorriendo tantas rutas argentinas en las cuales siempre tiró el
asiento pa’ atrás y se pegó una siesta. Acercándose a la gente con su físico de
señora, con su piel madura y su boca prolijamente pintada de rojo (y con esa
mirada pícara), ofreciendo sus personajes sobre innumerables teatros, y
recibiendo a cambio que la elijan, que la quieran y que todos la recuerden.
Aunque también siempre hubo lugar para prestar sin devolución algo de plata a
aquellas personas que le contaban sus problemas, y la manera de remediar los
mismos era con este acto. Y mi opinión con respecto a eso es que ella trabajaba
para vivir, pero vivir en serio. No desde lo más simple de repetir la rutina
como algo común o a cambio billetes, sino que su rutina era cada vez más llena
de vida. Cada mañana se levantaba y cada noche se acostaba sabiendo que hacía
lo que tenía ganas de hacer, sabiendo que se tomaba el trabajo como una bomba que
explotaba felicidad; y ahí está el punto, vivía de lo que amaba.
Por su cuerpo pasaron más de ochenta
personajes y obras de teatro junto a la Comedia Nacional y extra a eso, más de
cuarenta entre cine, televisión y más teatro del otro lado del río. Rompió
reglas, conceptos e hizo de la opinión de los demás suelo para caminar; poco le
importó qué dirían y fue ella. Mostrando todas sus facetas y su disposición
corporal, enamoró al público. A la ama de casa que se sintió identificada con
su personaje, al taxista que llegó de trabajar e hizo estallar de risa, y a los
pibes que cada noche veían a través de una pantalla de 20 pulgadas a “la señora
graciosa”. Generó una amplia gama de público, a tal punto que cantidad de jóvenes
le mandaran cartas expresando “me gustaría tenerte cómo abuela”; aunque China
bromeaba que le jodía…
Optimista, de mente abierta, revolucionaria y
fanática del chocolate, características que la describen, que la muestran, que
la desnudan. Una vez leí que si se algo se puede soñar, ese algo también se
puede hacer, e indirectamente y sin quererlo fue lo que nos demostró, lo que
nos dejó clarito. Fue lo que quiso. Lo que soñó, según ella, desde que nació. Entre
otros tantos artistas buscadores de un país más justo y mejor, votaba al Frente
Amplio e indignada le preguntaba a Carlos Perciavale como era capaz de votar al
Partido Blanco (“¿Mi
mayor sueño? Que alguien reaccione y diga: ¡Estamos viviendo muy mal!, que
alguien comprenda que lo que pasa en el mundo no es humano ni es
cristiano...Porque detrás de todo lo malo que pasa está el signo pesos...”). Compartía los mismos colores por su equipo de
fútbol, pero en su corazón y seguro en su tumba, el único equipo que está
pintado es el de las dos caretas de teatro y su estadio favorito es el Teatro
Solís.
Abriendo su camino como una libélula,
escribiendo su futuro a su mejor estilo y viviendo cada función cómo un estreno…
¡La China! La de la voz graciosa, la de las
frases pegadizas y memorables, la de Pocitos, la hija de, la viciosa de la Coca
Cola, la ganadora de premios, la bella mujer que no tuvo hijos, la uruguaya, la
actriz…
93 años nos separan de tu nacimiento, y
aunque tu físico haya acabado el 17 de Septiembre del pasado año, tu alma de
diamante sigue presente en el aire…
Gracias por
tu arte.
Tu eterna admiradora,
Milagros Pérez.
@chemili_
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